Franklin Mejias

Franklin Mejías, un graduado de corazón enorme

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En estos días muchos jóvenes se están graduando de diferentes colegios y universidades. Todos sin duda han hecho un gran esfuerzo. Pero el caso de Franklin Mejías Castellanos, de 24 años destaca por las adversidades que tuvo que superar.

Esta es su historia.

Tenía 12 años cuando sus padres decidieron darle un regalo: Viajar desde su natal Caracas, Venezuela hasta Florida para que conociera Disney.

“Me sentía muy emocionado”, recuerda Mejías, quien este año terminó sus estudios de administración de empresas en St. Thomas University de Florida.

Pero lo que parecía ser un sueño, se convirtió en la peor de las pesadillas. “A la semana de estar aquí se me alojó una bacteria en la sangre que me provocó una meningitis bacterial”.

Lo llevaron de emergencia al hospital y entonces su vida dio un vuelco. Le indujeron un coma durante 15 días y cuando despertó pensó que habían pasado apenas unos minutos y que debían apurarse para no perder el vuelo de regreso a Venezuela.

No habría tal vuelo.

El 11 de noviembre del 2011, con apenas 12 años, los médicos detectaron gangrena en las 4 extremidades y decidieron amputarlas antes de que se extendiera por todo el cuerpo.

Desde ese día la vida ha sido una batalla en la que no hay una víctima, sino un joven triunfador que ha derrotado todas las adversidades.

“Ha sido una pesadilla paso a paso, día a día, pero he ido evolucionando y hoy entiendo que mi vida tiene un propósito que estaba escrito desde el día en que nací”.

Profundo creyente de la existencia de un ser superior, Mejías logró transformar. “Pasé de preguntarme ¿por qué me había pasado esto a mí? a preguntarme ¿para qué me había pasado?

Mejías no pierde esa sonrisa que lo acompaña ni en los momentos más duros, como cuando le pregunto para qué cree que le pasó esto.

“Para comunicar que debemos aceptarnos como somos, que nos amemos como somos, desde el último de los cabellos hasta la punta del pie. Para decirle a la gente que somos seres de luz, seres de energía y que aceptemos que nuestra mente es capaz de todo”.

Esta misión la ha abrazado con pasión, tanto, que en el 2017 publicó su primer libro titulado Más allá de mis manos y en el 2022, Más allá de mis pasos.

En este momento está trabajando en el nuevo libro, además de mantener una actividad constante en las plataformas de redes sociales, como Instagram y TikTok.

“Gracias a Dios y a mis redes he tenido la oportunidad de compartir todo lo de mi vida, cómo manejo, cómo paso día a día, es algo que me encanta”.

Sus logros hacen aparecer como si todo fuera fácil, que nada se le dificulta: Ha ganado un Emmy, es un orador motivacional, maneja, se ha lanzado en pracaídas y ha corrido cinco medios maratones.

“Claro que no es fácil. De hecho, es muy difícil, por ejemplo, el dolor que siento en las rodillas al ponerme las prótesis de las piernas, pero al mismo tiempo doy gracias por tenerlas”.

Imposible no preguntarle si ha sido objeto de burlas o de lástima.

“Sabes, yo aprendí desde los primeros días que iba a depender de mí cómo me trataran los demás, entendí que, si me daba a respetar, los demás me respetarían”, me dijo con ese brillo en los ojos. “Y aprendí también que uno debe rodearse de gente buena, de gente que te hace sentir bien, de lo contrario, no vale la pena esa compañía”.

¿Qué sigue? le pregunto.

“Quiero que todo el mundo me conozca, que se empape de mi historia, de lo que he logrado, que se motiven a hacer esa diferencia. No es para difundir mis logros, sino para motivar a otros a que luchen por sus sueños”.

Le pregunto entonces por un enorme tatuaje que tiene en su brazo izquierdo.

“Es un árbol que sale de mis cicatrices, y representa mi crecimiento a lo largo de estos años, es un tatuaje que tiene un enorme significado personal que encierra un mensaje que dice: ‘No importa la situación que enfrentes, sigue creciendo y desarrollándote, siempre tomando en cuenta tus raíces’”.

Durante la ceremonia de graduación, con su toga y birrete, Mejías se veía feliz luego del cerrado aplauso que sus compañeros y miembros del personal académico le brindaron emocionados.

“Mi único mensaje es decirles a todos que nunca se rindan, que sigan adelante, que todo es posible, que ni siquiera el cielo es el límite”.

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