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Maestros que nos cambiaron la vida

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Todos hemos tenido un maestro que dejó una huella en nuestra educación. Un maestro que decidió explicarnos con paciencia y detalle cosas que no comprendíamos. Un maestro que dedicó mucho más tiempo que el estipulado en su contrato de trabajo. Un maestro que decidió buscarnos en nuestras casas cuando por algún motivo faltamos a clases.

En el mes de mayo se celebra el Día del Maestro y por eso, desde la Red Hispana queremos hacerle un homenaje a los maestros que han dado lo mejor de sí para formarnos. Hemos elegido a maestros de diferentes partes del país para rendirle homenaje a todos.

Estas son sus historias.

Zulay Joa: “El desarrollo del pensamiento crítico debe ser nuestra aspiración”

Zulay Joa tiene un rostro amable y juvenil. Y a pesar de ese aire fresco de su rostro tiene a su cargo el programa STEM de la escuela Glenn Allan Silver Stream, en el estado de Maryland que incluye las materias de ciencia, tecnología y matemáticas.

Para Joa el exponer a los alumnos a este tipo de materias es una enorme satisfacción porque sabe que forman parte de un camino ascendente hacia la educación superior en campos donde los latinos no han incursionado con fuerza. “Esta es la puerta de entrada a las ingenierías, a las ciencias y a las matemáticas”, dice orgullosa.

Pero también sabe que no todos sus alumnos tendrán una carrera universitaria, y en ese caso, asegura que estas materias permiten tener un acercamiento práctico a carreras técnicas, donde también tendrán que aplicar sus conocimientos de estas materias.

“Les enseñamos que cuando un ingeniero espacial, por ejemplo, hace su diseño, necesita a un mecánico para que lo haga realidad. Por eso les digo a mis alumnos que no necesariamente necesitan querer una carrera universitaria para relacionarse con las materias STEM”.

Joa llegó de Cuba hace 25 años y lleva 17 como maestra. Formada en el rígido sistema escolar público de Cuba, Joa ha tenido siempre una gran destreza académica. “Cuando tenía 9 o 10 años hice una pequeña escuela en el barrio y cobraba 5 pesos por ayudarles a hacer la tarea”, dice con una sonrisa al escarbar entre sus recuerdos. “Les cobraba, pero les enseñaba”, dice con una sonrisa pícara.

Su primer trabajo en una escuela fue en el condado de Palm Beach, en Florida, como consejera escolar. Después fue asistente de maestro durante el verano. “Me gusta mucho trabajar con los niños”, dice con una sonrisa amable esta maestra originaria de Santiago de Cuba.

Del sistema educativo cubano recuerda lo competitivo que era. “Es un sistema en el que el avance está basado en el mérito, no en la posición social, y eso hace que los estudiantes hagan un gran esfuerzo para poder ingresar a las universidades, porque los espacios son otorgados sólo a los mejores”.

Ese esfuerzo para ser el mejor estudiante posible viajó con ella y desde su posición en el condado de Montgomery, les hace saber a sus estudiantes que tiene altas expectativas para todos y cada uno de los estudiantes, independientemente del origen. “Creo que los estudiantes deben poner todo su esfuerzo para mejorar, para ser mejores”.

Joa conoce a la perfección las barreras que enfrentan muchos niños migrantes que no hablan el idioma inglés, o que nunca han asistido a un sistema escolar como el de Estados Unidos, pero también sabe que en esos casos se requiere de un esfuerzo extraordinario para salir adelante.

Lo importante, dice, es que los maestros se coloquen en los zapatos de sus estudiantes para que entiendan el proceso que están viviendo tanto los alumnos como sus padres. “Mi consejo es muy simple. “No se rindan, siempre que puedan practiquen su inglés, participen de las actividades académicas después del colegio, no se rindan, dentro de poco van a poder hablar inglés y entonces se abrirán muchas puertas”.

Joa ama su trabajo. Ama sus resultados. “Las materias STEM desarrollan el pensamiento crítico de los estudiantes y eso es especialmente importante en un momento como este en el que la sociedad está enfrentando muchos problemas para desarrollar ese tipo de pensamiento. Desarrollar el pensamiento crítico debe ser la aspiración de todo maestro”.

Dice que parte del éxito de los estudiantes está en la participación de los padres en la educación de sus hijos. “Aunque no sepan inglés, aunque no se sientan preparados, acérquense a las escuelas, hablen con los maestros, pregunten, discutan, nosotros estamos para servirles a ustedes y a sus hijos”.

Joa sabe perfectamente que muchas veces no son faltas de ganas, sino de tiempo lo que impide a los padres participar. “Lo sé, y aun así mi recomendación a los padres es que se acerquen al maestro, trabajando juntos podemos sacar adelante a sus hijos”.

Todo maestro también tiene un maestro que recuerda con cariño. “Se llamaba Dorotea y la recuerdo porque era una persona con mucha paciencia, muy dulce y creativa”.

¿Como te gustaría ser recordada?

“Después de 17 años, muchos de mis alumnos dicen que se acuerdan de mi porque fui muy dulce y paciente con ellos… así es como quiero ser recordada, como una maestra paciente y cariñosa, pero siempre con muy altas expectativas de sus alumnos”.

¿Así como tu maestra Dorotea?

“Si, como ella”, dice con una sonrisa amplia.

Abel Hoyos: La educación es la tangente que permite romper el círculo de la pobreza

Abel Hoyos es originario del estado mexicano de Sonora. Es un hombre franco, directo. Dirían en el norte de México, “que no tiene pelos en la lengua”.

Es maestro de Biología en una preparatoria en la parte oeste de la ciudad de Phoenix, Arizona.

“Entiendo a mis estudiantes, sé que se encuentran en un momento de transición entre la niñez y la edad adulta, que las hormonas los vuelven locos y lo peor de todo es que muchas veces los papás se olvidan de ellos creyendo que ya están grandes y ya no necesitan de ellos”.

Hace una pausa. Se pone serio y dice con toda firmeza: “No la amuelen, es cuando sus hijos necesitan más ayuda, sólo acuérdense de cómo eran ustedes a esa edad”.

Aunque hoy tiene 25 años como maestro, la enseñanza no estaba en sus planes inmediatos. Como ingeniero tenía una buena posición laboral en Hermosillo, Sonora. “Tenía a mi cargo varios ingenieros, tenía mi oficina y auto que me proporcionaba el gobierno”.

Pero uno nunca sabe dónde brinca la oportunidad. O por lo menos él no lo sabía, pero su esposa sí.

En 1999 el estado de Arizona experimentaba una gran escasez de maestros bilingües, por lo que, en una visita a Phoenix, su esposa, sin informarle, le programó una entrevista de trabajo en el Distrito Escolar.

“Fue una entrevista sencilla y como hablaba bien inglés, me dijeron que me aceptaban, pero yo les dije que no traía mis papeles conmigo, entonces mi esposa sacó un folder con todos mis documentos y me contrataron”.

Ha pasado un cuarto de siglo desde entonces. Y en ese periodo ha visto generaciones y generaciones de estudiantes. Unos han sido grandes estudiantes y se han convertido en exitosos profesionistas. Otros se han quedado en el camino. Hoyos sabe en la mayoría de los casos, donde estuvo la clave del éxito o del fracaso.

“Siempre he visto la educación no como un trabajo, sino como un arte, porque podrás tener un doctorado en cualquier área, pero eso no te va a hacer un buen maestro, porque el maestro puede enseñar operaciones matemáticas, pero el trabajo más importante es fungir como un modelo para los niños”.

Hoyos está convencido de la importancia de practicar con el ejemplo. Cree en los modelos a seguir que deben tener los estudiantes. “Yo superé el obstáculo de la pobreza y les puedo mostrar que estoy aquí, frente a ellos a pesar de las limitaciones que tuve”.

La pasión de Hoyos por la enseñanza está cimentada en la creencia de que entre la comunidad latina existen miles de cerebros no descubiertos. “El maestro tiene la responsabilidad de descubrir esos diamantes y pulirlos”. Hace una pausa, reflexiona y asegura que, si el maestro no pule bien el diamante, lo puede echar a perder”.

Y no se trata solo de pulir a los estudiantes, sino también de convencer a los papás de que participen en la educación de sus hijos.

“Los papas desafortunadamente tienden a involucrarse ya que hay un problema entre el maestro y el alumno, y tengo que aceptar que los padres que menos participan son los latinos”.

Crítico de la baja participación, asegura que es una contradicción. “Todos aseguran que vinieron a este país para darles una mejor vida a sus hijos, pero a la hora de la hora, dejan en los maestros la responsabilidad de educar a sus hijos y eso no está bien”.

Y lo peor es que en su experiencia, existe una tendencia a la baja en dicha participación.

Hoyos habla fuerte, y no se detiene en susceptibilidades. Sabe que muchos padres tienen dos o tres trabajos para sostener a sus familias. “Pero no hablar con los maestros o no tener comunicación con la escuela, simplemente aleja el objetivo de lograr un futuro mejor para ellos”.

No hay excusas, dice. Los padres tienen que encontrar ese tiempo para saber qué está haciendo su hijo, para ver su rendimiento, para verificar que está cumpliendo con su responsabilidad como estudiante.

“Me frustra, me da coraje, me desespera… no podemos ser complacientes cuando estamos hablando de lo más querido, que son nuestros hijos”.

A Hoyos le preocupa la “brutal y despiadada” exposición a la violencia que viven los estudiantes a partir del séptimo grado. “La violencia y el acoso sexual está en todas las redes sociales y están expuestos a eso día y noche”.

Y si a eso se le agrega que muchos de los estudiantes vienen de hogares y ambientes violentos. “Desafortunadamente en muchas partes se ha normalizado la violencia, el abuso sexual, las pandillas, las drogas, todos esos son riesgos que afectan a nuestros estudiantes… Me preocupa esa normalización, me preocupa que las familias acepten la violencia como parte de sus vidas cotidianas, porque es esa violencia la que les corta las alas de miles de estudiantes que podrían haber sido doctores, abogados, maestros. Es una pena”.

¿Qué maestro recuerdas?

Arturo Rábago, dice sin titubear. “Un día le escuché diciéndole a mi mama, ‘comasu’, dele educación a este niño, tiene la capacidad, es muy inteligente. Recuerdo que me sentí muy bien al escucharlo. Aprendí ahí que el mejor halago que le puedes dar a un estudiante es creer en él”.

En el desarrollo de su vocación por las matemáticas, el maestro Octavio Abril. “Él nos obligaba a hacer presentaciones bien hechas y nos decía: piensa en que tú lo preparaste, tú te documentaste, tú lo revisaste, entonces nadie en la audiencia sabe más que tú, piensa en eso”.

¿Qué consejo le das a tus alumnos?

“Les digo que la oportunidad para estudiar aquí en Estados Unidos es casi ilimitada, si tienes buenas calificaciones, con un buen GPA hay acceso a millones de dólares en becas, incluso para estudiantes que no tienen documentos”.

También les aconseja que, si en sus hogares prevalece la pobreza y la violencia, “más te vale tener educación y que termines una carrera, porque esa va a salir tu única forma de salir de ese círculo, de lo contrario te vas a casar, y vas a tener hijos y tu familia será igualita a la de tus padres. Les digo que la educación es esa flecha, esa tangente que te permite romper el círculo”.

Alfonso Taboada es un maestro convencido de la necesidad de un cambio

Alfonso Taboada tiene 19 años impartiendo la materia de historia en Thermal, California, en el este del valle de Coachella, un inmenso emporio agrícola en el medio del desierto del sur de California, y donde decenas de miles de trabajadores se debaten entre las injusticias, la pobreza y las enfermedades.

“Conocer la historia es importante”, dice este maestro a sus alumnos de secundaria. Miembro de una humilde familia de trabajadores mexicanos y texanos, desde joven supo que el estudio era su única alternativa para salir del círculo de la pobreza.

Gracias a una oportunidad con la Universidad de California en Riverside, comenzó haciendo encuestas en la zona para conocer las condiciones de la comunidad y fue el director de la escuela Desert Mirage el que le animó a que se iniciara como maestro.

Han pasado casi dos décadas desde entonces y ahora sabe perfectamente los retos a los que se enfrentan sus estudiantes.

“Es como una guerra en la que ellos deben tener como herramienta la educación y el estudio, no podemos olvidar que allá afuera las cosas no son como quisiéramos, hay discriminación y racismo”, dice Taboada.

Y no sólo eso. Él sabe perfectamente que sus estudiantes, enfrentan los problemas propios de la adolescencia, en la que no son ni adultos ni niños y eso provoca que muchas veces, equivocadamente, los adultos consideren que es tiempo de dejarlos volar.

“Al contrario, es el momento de guiarlos, de indicarles sus opciones, porque de esas decisiones, muchas veces tomadas al calor de las hormonas, depende todo su futuro”, dice Taboada. “Hay que estar cerca de ellos, hay que explicarles, aunque muchas veces no quieran escuchar”.

Entre los recuerdos de Taboada destacan los consejos del profesor Juan Luján, quien siempre le dijo que no se detuviera. “Siempre hay que seguir adelante, hacer lo posible y esforzarse, porque esa es la única llave que existe para salir adelante”.

Tomando como ejemplo a su maestro, Taboada asegura que su principal consejo es que nunca se rindan. “Que estudien, que no se pierdan en el camino, que tengan mucho cuidado con los riesgos que hay afuera, como las drogas y las pandillas, pero que si no quieren estudiar que trabajen duro y sean unos buenos ciudadanos”.

A lo largo de sus casi veinte años como maestro, ha visto crecer a varias generaciones de estudiantes y verlos como personas productivas es su mayor orgullo. “Muchas veces cuando estamos en un restaurante o en un centro comercial, me saludan con afecto, y me recuerdan y veo que son personas hechas y derechas, eso sin duda es mi máximo orgullo”.

Taboada sabe que en la comunidad en la que vive hay muchísimas carencias y que la posibilidad de cambiar está precisamente en estos jóvenes educados que transformen su entorno.

“Pero es difícil, muchos de los estudiantes que terminan una carrera universitaria se tienen que ir porque aquí no hay un empleo para ellos, no hay viviendas, es como si viviéramos una fuga constante de cerebros”.

Como maestro ha visto las luchas de su comunidad a través de las dificultades de su propia familia, cuyos primeros miembros llegaron de Michoacán cuando el programa Bracero estaba vigente.

“Quiero un cambio en mi comunidad. Por eso soy maestro, creo en la educación y creo en mis estudiantes”, dice mientras se prepara para iniciar su clase. “Va a ser duro, pero les aseguro que si se puede”.

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2 Comments

  1. 5 cosas que aprendi con Mister.Hoyos
    La responsabilidad
    Que siempre hablando se pueden dar mas oportunidaes
    Que si tienes dudas es mejor preguntar en ves de no hacer nada
    Que tomar notas de estudio puede ser positivo a cierto punto
    Que siempre debes de buscar posibilidades para mejorar

  2. 5 cosas que aprendí con Míster Hoyos
    Que tenemos que priorizar la educación
    Que el estudio nos abre muchas puertas
    Que es mejor preguntar que quedarse con la duda
    Que nunca es tarde para aprender algo nuevo
    Que hay que ser responsables

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