La gratitud es más que un comportamiento: también es una experiencia interna y podemos ayudar a los niños a cultivarla.
¿Te gustaría criar a un niño agradecido?
Si es así, no estás solo. El deseo de los padres de criar hijos felices, saludables y, sí, agradecidos, aparece en incontables sitios web, charlas TED y guías de crianza. De hecho, especialistas en familia, incluso antes del movimiento moderno de “parenting”, reconocían la gratitud como uno de los rasgos de una familia saludable.
Pero ¿cómo hacerlo?
Los niños pueden expresar gratitud sin necesariamente sentirla. Pueden aprender a decir “gracias” o mostrar aprecio sin que exista la experiencia interna, o, como dijo una niña de seis años en nuestros estudios: “Lo dicen, pero no lo sienten.” Esto puede ayudarles a cumplir con expectativas sociales, pero podrían perderse de beneficios comprobados de la gratitud: construir relaciones sociales más fuertes, mejorar la satisfacción con la vida y aumentar el bienestar psicológico y la salud en general.
La gratitud es más que un comportamiento: es una experiencia interna. Como describí en un artículo previo para Greater Good, nuestro equipo de investigación en el estudio Raising Grateful Children desarrolló un modelo de gratitud de cuatro partes: notar las cosas que otros nos dan, pensar por qué nos las dan, conectar nuestros sentimientos con el acto de recibir, y expresar agradecimiento. La clave para que los niños desarrollen el hábito de la gratitud es activar las cuatro partes del modelo: NOTAR–PENSAR–SENTIR–HACER.
¿Cómo podemos ayudar a que los niños lo sientan de verdad? Aquí está nuestra lista de las cinco cosas más importantes que podemos hacer para lograr pequeños avances cada día.
1. Modelar el agradecimiento
Los padres que tratan de ser agradecidos tienen hijos que demuestran más gratitud diaria. Además, los padres más agradecidos tienden a practicar otros comportamientos de crianza que fomentan la gratitud.
Modelar gratitud incluye expresar aprecio hacia otras personas, pero también creemos que los niños se benefician al ver a sus padres modelar las partes de NOTAR–PENSAR–SENTIR. Modelar estas experiencias internas puede ser tan simple como decir nuestros pensamientos en voz alta.
Por ejemplo, los padres pueden ayudar a los niños a notar no solo un regalo que han recibido, sino el significado detrás del regalo —el “regalo detrás del regalo”— hablando de sus propias experiencias al recibir algo:
“Me encanta este suéter que me mandó la tía Dottie, pero lo que realmente me hace feliz es saber que pensó en mí cuando lo compró. Es de mi color favorito y ella lo sabe. Me recuerda cuánto me quiere y cómo se tomó el tiempo de encontrar algo que de verdad me gustara.”
2. Integrarlo en su entorno
Los padres juegan un papel clave en crear los entornos donde crecen sus hijos. Estos espacios pueden ser tan formales como actividades extracurriculares o tan informales como el parque donde juegan.
Nuestro trabajo muestra que los padres que eligen actividades pensando, al menos en parte, en fomentar la gratitud, son más constantes en esa intención. A su vez, los niños que participan en más actividades seleccionadas con ese objetivo muestran gratitud con mayor frecuencia.
Estos hallazgos son importantes porque sugieren que una manera en la que los padres influyen en la gratitud de sus hijos es siendo conscientes de sus propias metas.
Cada decisión—un deporte, un voluntariado, un club—refleja valores y prioridades. Y si la gratitud es uno de esos objetivos, los niños pueden beneficiarse en más de un sentido.
3. Hablar de la gratitud cuando aparece
Los momentos en los que los niños expresan gratitud pueden convertirse en valiosas oportunidades de enseñanza.
En el proyecto Raising Grateful Children, pedimos a los padres que hablaran con sus hijos sobre una ocasión en que mostraron gratitud. La investigación sobre la memoria infantil muestra que, cuando padres e hijos recuerdan juntos eventos positivos, la manera en que los padres hacen preguntas puede mejorar la capacidad del niño para recordar detalles.
Conversaciones así pueden ayudar a que los niños conecten lo que notaron al recibir un regalo con lo que pensaron, lo que sintieron y cómo esas emociones los motivaron a mostrar agradecimiento.
En nuestro trabajo actual, estamos investigando si estas estrategias conversacionales realmente ayudan a desarrollar experiencias más completas de recibir y expresar gratitud.
4. Hablar de la gratitud cuando NO aparece
En todos nuestros estudios, los padres tienen más dificultad para hablar con los niños sobre los momentos en que no fueron agradecidos. Esos momentos pueden revelar actitudes de derecho o simplemente oportunidades perdidas para experimentar gratitud. Y estos casos pueden ser embarazosos o frustrantes para los padres.
Entonces, ¿cómo mantener la calma y convertir esas situaciones en aprendizaje?
Sugerimos que los padres empiecen usando las mismas habilidades conversacionales que utilizan al hablar de momentos positivos. Escuchar atentamente lo que los niños experimentaron en esos momentos —a través de preguntas abiertas centradas en el niño— puede ofrecer pistas de lo que les impidió sentir gratitud.
¿Hicieron suposiciones sobre cómo llegó el regalo?
¿Estaban distraídos por algo importante para ellos?
¿Aún no tienen la capacidad de ver la situación desde la perspectiva de otra persona?
Primero entendiendo cómo perciben los niños esas situaciones, los padres pueden encontrar nuevas maneras de guiarlos para recuperar la oportunidad perdida y ayudarles a “atrapar” futuros momentos de gratitud.
5. Repetirlo a menudo
La experiencia de la gratitud puede ser compleja y, como cualquier habilidad, requiere práctica, reflexión y tiempo.
Comprender los regalos que recibimos a través de nuestros pensamientos y sentimientos es aún más desafiante, pues exige habilidades de desarrollo enfocadas en otros, como la empatía y la toma de perspectiva. A medida que los niños maduran y practican estas capacidades, experimentar gratitud se vuelve más fácil.
Aprender a conectar pensamientos, sentimientos y comportamientos es una habilidad de toda la vida. Conforme los niños crecen, también aumentan sus oportunidades de experimentar gratitud. Los niños que aprenden a ver “los regalos detrás de los regalos” están mejor preparados para reconocer esas oportunidades y, a su vez, expresar gratitud hacia otros.
Hay una gran cantidad de consejos para padres sobre cómo fomentar la gratitud. Puede ser abrumador.
Nuestro último consejo: empieza poco a poco.
Elige una cosa, practícala hasta que se vuelva un hábito… y construye desde ahí.
Después de todo, criamos a nuestros hijos un momento a la vez.