Esta serie de cuatro artículos ofrece a padres, madres y cuidadores ideas respaldadas por la investigación, provenientes de expertos reconocidos, para responder preguntas cotidianas sobre la crianza de los hijos a lo largo de toda la vida. Desde los primeros días cuidando a un bebé hasta los años posteriores al navegar la relación con hijos adultos, estos contenidos buscan fortalecer los vínculos entre padres e hijos, fomentar una mayor comprensión y desarrollar un sentido más profundo de propósito como padre o madre. Esta es la segunda entrega; la primera cubre los años de bebés y niños pequeños.
Si tan solo pudiéramos guardar en una botella los años escolares de nuestros hijos y disfrutarlos para siempre. A medida que nuestros hijos desarrollan su propia personalidad, (muchas veces) son una alegría de ver, y nosotros, como padres, podemos reconocer el potencial constante de fortalecer nuestra conexión con ellos, desarrollar resiliencia y ayudarlos a experimentar asombro.
A diferencia de los niños pequeños, los niños en edad escolar han desarrollado algunas de las habilidades necesarias para manejar sus emociones y resolver conflictos por sí mismos. Y a diferencia de los adolescentes, también están más dispuestos a aceptar la intervención de los adultos.
Esto crea “una oportunidad única” para que los padres enseñen a sus hijos cómo manejar situaciones difíciles, dice Diana Divecha, profesora clínica asistente en el Child Study Center de la Universidad de Yale, equilibrando sus propias necesidades mientras mantienen sus relaciones.
Este es el momento en que los niños realmente quieren entender qué significan valores como la equidad, la justicia y el “buen” comportamiento. Para ayudar a los padres a acompañar a sus hijos en esta etapa, hemos reunido recomendaciones respaldadas por la ciencia para siete desafíos comunes, basadas en preguntas frecuentes de nuestros lectores.
Reducir el tiempo frente a pantallas
Pregunta: Todo lo que quiere hacer mi hijo de ocho años es jugar videojuegos. Estoy tratando de limitar el tiempo frente a pantallas estableciendo reglas, pero es una lucha. ¿Qué puedo hacer mejor?
Respuesta:
Aunque la Academia Americana de Pediatría no establece un límite específico, sí sugiere que los niños en edad escolar equilibren el tiempo en dispositivos con otras actividades presenciales.
Las recomendaciones actuales son abiertas, posiblemente porque (como sabe cualquier padre) enfocarse únicamente en reducir el tiempo frente a pantallas es demasiado simplista. Como sugiere la investigación, hay una diferencia entre desplazarse en redes sociales y conectarse con amigos y familiares en la vida real; entre ver un video educativo que complementa una clase y jugar videojuegos.
“Aunque tienen buenas intenciones, los límites rígidos al tiempo de pantalla suelen sentirse poco realistas para los padres, y los intentos de restringir el uso de pantallas en los niños a menudo vienen acompañados de conflicto y culpa”, dice Marina Torjinski, investigadora del Australian Research Council Centre of Excellence for the Digital Child en la Universidad de Wollongong. Peor aún, los mensajes negativos rara vez producen cambios de comportamiento a largo plazo, especialmente cuando el niño crece y gana más independencia.
Con esto en mente, Torjinski exploró la naturaleza como una estrategia para ayudar a los niños a descubrir el mundo más allá de las pantallas. En una revisión de estudios, encontró que pasar tiempo en la naturaleza, en comparación con otras actividades (como deportes o juegos de mesa), mejora el bienestar tanto de padres como de hijos, y no solo reemplaza el tiempo de pantalla, sino que motiva indirectamente a los niños a participar en otras actividades. Este tipo de metas, enfocadas en acercarse a algo positivo en lugar de evitar algo negativo, son más fáciles de mantener y generan mejores emociones.
Además, hallazgos preliminares sugieren que, incluso cuando el tiempo frente a pantallas no disminuye, sí se reducen comportamientos problemáticos relacionados con su uso, como irritabilidad o discusiones familiares.
Prevención del bullying
Pregunta: Mi hijo de 12 años me dijo que algunos niños en la escuela están siendo repetidamente crueles con otro niño durante el recreo. Mi hijo no participa en ese comportamiento, pero tampoco lo detiene. ¿Cómo puedo animarlo a ser un agente positivo de cambio?
Respuesta:
Según Signe Whitson, autora de 8 Keys to End Bullying: Strategies for Parents & Schools, otros niños están presentes en nueve de cada diez casos de bullying, pero solo ayudan a la víctima el 20% del tiempo. Cuando Whitson habló con los propios niños, descubrió que muchos quieren ayudar, pero no saben qué decir.
También encontró que los niños a menudo no intervienen porque asumen que alguien más lo hará. Por eso es importante que entiendan que, cuando presencian bullying, es su responsabilidad decir algo. Además, cuando alguien interviene, el comportamiento de acoso suele detenerse en unos 10 segundos, y es importante que los niños lo sepan.
“Cuando los niños tienen confianza en que sus acciones realmente marcarán una diferencia, es más probable que intervengan”, dice Whitson, quien también es directora de una escuela pública en Massachusetts.
En tu situación, donde tu hijo es un observador, pregúntale cómo cree que se siente el niño que está siendo afectado, dice Diana Divecha. “Intenta determinar si se trata solo de un comportamiento desagradable o de bullying.”
El bullying implica agresión repetida en un contexto de diferencia de poder, como en tamaño, edad o estatus social. “Los niños pueden intentar resolver conflictos con tu ayuda cuando hay una dinámica de poder más equilibrada”, explica. “Pero en casos de bullying, se necesita más intervención de los adultos debido a esa desigualdad.”
Si se trata de un comportamiento desagradable leve o bullying de bajo nivel, puede ser seguro buscar soluciones juntos. Un niño con mayor estatus social puede sentirse con la confianza de confrontar a quienes están acosando. Otros pueden optar por hacerse amigos de la víctima y apoyarla, o hablar con un maestro. Con niños mayores, como tu hijo de 12 años, es importante respetar sus esfuerzos para resolver el problema y fomentar esa iniciativa.
Más allá de una situación específica, los padres pueden prevenir el bullying fomentando la conversación y señalando claramente qué comportamientos no son aceptables. La guía de los adultos es fundamental. “Los niños necesitan practicar qué decir y cuándo decirlo, y solo lo aprenden de los adultos que los rodean”, dice Divecha.
Cultivar la paciencia con hijos con necesidades especiales
Pregunta: Soy padre/madre de un niño de 10 años con necesidades especiales. Puede ser difícil, con tantas citas médicas y cuidados constantes. A veces pierdo la paciencia y temo que mi hijo sienta que es una carga para mí. ¿Cómo puedo asegurarle que no es así y que lo amo incondicionalmente?
Respuesta:
Criar a un hijo ya es difícil, y cuando implica más citas médicas y cuidados adicionales debido a necesidades especiales, puede sentirse abrumador. Al mismo tiempo, los niños —especialmente aquellos con necesidades médicas complejas— son particularmente sensibles a las señales no verbales de sus padres.
A menudo “asumen que son la causa de lo que su padre o cuidador está expresando”, explica Maurice Elias, profesor de psicología en la Universidad de Rutgers.
Para evitar estos malentendidos, tómate unos momentos para respirar profundamente y recuperar la calma cuando te sientas estresado. Con niños de 10 años o más, también puedes anticiparte: explícales que si estás irritable no es su culpa, sino que has tenido un día difícil. Pueden acordar una señal (como levantar la mano) cuando la situación se intensifique y necesiten hacer una pausa.
Además, los niños —y especialmente aquellos con necesidades especiales— son muy sensibles a si les estás prestando atención o no. Si estás constantemente distraído por el teléfono, pueden preguntarse qué lugar ocupan frente a él.
Finalmente, procura reservar al menos una vez por semana un tiempo de “diversión en familia”. Esto debe ocurrir incluso cuando el niño se haya portado mal. Puede ayudarles a sobrellevar momentos difíciles y reafirma que la familia es una prioridad, además de funcionar como un reinicio emocional importante.
Hablar sobre peso y salud
Pregunta: Mi hija de siete años tiene un poco de sobrepeso según el seguimiento de crecimiento de su pediatra en su chequeo anual, y se siente mal por eso. Estoy tratando de decirle que está totalmente bien tal como es, pero no me cree. ¿Qué más puedo hacer?
Respuesta: Vas por buen camino: es importante demostrarle a tu hija que la apoyas, especialmente si está escuchando comentarios negativos sobre diferentes tipos de cuerpo por parte de sus compañeros.
“La solución a las burlas no es bajar de peso, sino entender que no es aceptable que alguien se burle de ti por tu peso”, dice Dianne Neumark-Sztainer, profesora en la división de epidemiología y salud comunitaria de la Universidad de Minnesota e investigadora principal del Proyecto EAT. “Hazle saber a tu hija que se ve hermosa tal como es, que lamentas que alguien la haya hecho sentir mal y que te gustaría pensar juntos cómo manejar la situación.” (También puedes ver la segunda pregunta anterior, sobre el bullying.)
En este proceso, puedes reforzar la idea de que las personas vienen en diferentes formas y tamaños, añade. “Pero también es importante escuchar e intentar entender qué está pasando. A veces, decir ‘me siento gorda’ puede significar otra cosa, como ‘creo que a mis amigos no les caigo bien’ o ‘alguien se burló de mí hoy en la escuela’.”
Algunos padres pueden pensar que deben o pueden “arreglar” el problema del peso animando a su hijo a hacer dieta, pero la investigación muestra claramente que eso no ayuda. De hecho, los niños pueden terminar subiendo de peso, desarrollando una preocupación poco saludable por su cuerpo o incluso un trastorno alimenticio.
En cambio, lo que ayuda es hablar menos sobre el peso y enfocarse más en lo que sí podemos controlar, dice Neumark-Sztainer. Como padre o madre, modela los hábitos saludables que quieres ver en tu hijo. Crea un entorno que facilite elegir alimentos saludables y enfócate más en la salud en general que en el peso.
Como familia, trata de crear momentos agradables alrededor de la comida (como la cena familiar, sin hablar del peso) y busquen actividades físicas que puedan hacer juntos por diversión, no por quemar calorías.
Cada etapa de la vida presenta desafíos y oportunidades únicas para ayudar y guiar a tu hijo, dice Neumark-Sztainer. “En esta etapa, los padres tienen la oportunidad de limitar la exposición a influencias poco saludables” y de construir una base sólida para una relación sana con la comida, el ejercicio y el cuerpo.
Cuando no quiere hacer la tarea
Pregunta: No logro que mi hijo de 10 años se tome en serio la tarea. Pero insistirle y disciplinarlo está afectando nuestra relación. ¿Qué debo hacer?
Respuesta:
Los padres, con buena intención, suelen tratar de ayudar a sus hijos con las tareas escolares. Y cuando eso genera conflicto, sienten que deben manejar la situación con castigos. Desafortunadamente, esto puede tener consecuencias negativas, dice Harriet Tenenbaum, profesora de Psicología del Desarrollo y Social en la Universidad de Surrey.
En lugar de controlar, busca conectar. Un estudio de Tenenbaum sugiere que cuanto más perciben los niños que sus padres los apoyan con la tarea, más esfuerzo tienden a poner en ella.
Esto implica empezar por lo básico. Trabaja con tu hijo para crear un espacio cómodo en casa donde le guste estudiar. Pregúntale qué le ayudaría, por ejemplo: “¿Te serviría que revise tu tarea?”. Es importante definir límites claros, ya que las necesidades varían según el niño. Algunos quieren ayuda; otros no.
En algunos casos, expresar confianza en sus habilidades puede ayudar, por ejemplo: “Confío en ti, si lo intentas, puedes hacerlo”. Investigaciones también sugieren que cuando los niños perciben que sus padres creen en ellos y que sus maestros les dan retroalimentación, aumenta su motivación.
Sin embargo, a veces la resistencia a la tarea puede ser señal de algo más profundo. Para saber cuándo buscar ayuda profesional, es importante observar patrones. Por ejemplo:
- Si la resistencia disminuye cuando cambia el formato (como usar videos en lugar de libros), puede indicar una dificultad específica.
- Si los problemas aparecen solo en tareas estructuradas, puede haber una causa subyacente.
También es importante considerar la historia del niño. Si evitar la tarea sigue a experiencias repetidas de fracaso, podría estar relacionado con una dificultad de aprendizaje. En esos casos, lo que parece “falta de interés” puede ser una forma de protegerse de la frustración.
Peleas entre hermanos
Pregunta: Tengo dos hijas de seis y ocho años, y siempre están peleando. ¿Cómo puedo hacer que dejen de hacerlo?
Respuesta:
A esta edad, los niños todavía están aprendiendo a manejar los conflictos. Aprender a hacerlo dentro de la familia es una gran oportunidad. “Es un regalo para todas las relaciones en su vida”, dice Diana Divecha.
La etapa de la niñez media es una oportunidad única para fortalecer la relación entre hermanos, ya que todavía pasan mucho tiempo juntos en actividades compartidas. Al mismo tiempo, sus interacciones se vuelven más equilibradas y desarrollan mayores habilidades socioemocionales, como ponerse en el lugar del otro y resolver conflictos.
Es importante poner las peleas en contexto. Los hermanos suelen mostrar más comportamientos positivos que negativos, como cariño, cuidado y apoyo. Y estas conductas pueden coexistir: hermanos que pelean mucho también pueden apoyarse mucho.
Por eso, es importante crear oportunidades para interacciones positivas, como el juego. También es útil prestar atención y reconocer esos momentos positivos, no solo las peleas, que suelen ser más visibles porque son más ruidosas.
Cuando tus hijos peleen, comienza por mantener la calma y una postura neutral. Luego pregunta qué pasó, qué les gustaría que ocurriera y qué ideas tienen para resolverlo. Dale a cada uno la oportunidad de hablar.
“Permite que los niños generen las opciones, así puedes actuar más como mediador o guía, en lugar de árbitro o juez”, dice Divecha.
Es importante no mostrar favoritismo. Cuando un niño constantemente siente que pierde, esto puede afectar la relación entre hermanos.
También ayuda que los padres modelen cómo resolver conflictos de manera saludable. La investigación muestra que los niños aprenden cuando ven a sus padres manejar desacuerdos de forma constructiva: manteniendo la calma, escuchando, expresándose con respeto, buscando soluciones, reconociendo errores y comprometiéndose a mejorar.
Las reuniones familiares también pueden ser útiles. Se puede crear un acuerdo familiar donde todos participen y definan cómo quieren sentirse en casa, por ejemplo, tranquilos, felices o valorados.
Manejo del enojo en los niños
Pregunta: Mi hijo de nueve años se enoja muy fácilmente cuando las cosas no salen como quiere. Siento que siempre estamos caminando con cuidado. ¿Qué podemos hacer para ayudarlo?
Respuesta:
Cada niño tiene un temperamento distinto, y algunos reaccionan con mayor intensidad. Pero estas tendencias también se moldean con la experiencia y las relaciones.
En los primeros años, la influencia principal viene de la familia. Luego, los maestros y compañeros también juegan un papel importante. Algunos niños son más ansiosos ante lo nuevo; otros se frustran o enojan con facilidad.
La consistencia es clave. Informar a maestros y cuidadores sobre estas reacciones ayuda a que el apoyo sea coherente tanto en casa como en la escuela.
Cuando las emociones fuertes llevan a comportamientos intensos, es importante establecer consecuencias claras y consistentes, junto con herramientas de apoyo, como:
- detenerse antes de reaccionar
- respirar profundamente
- alejarse un momento
También es fundamental dedicar tiempo diario a actividades que el niño disfrute, aunque sean solo 5 a 10 minutos. Deja que él elija. Cuando los niños saben que pueden contar con ese tiempo, muchas conductas que buscan atención disminuyen.
Por último, es clave comunicar aceptación, cariño y apoyo de forma constante. Estar presente, escuchar y reforzar lo positivo —como decir “me gustó tu idea” o “disfruté pasar tiempo contigo”— hace una gran diferencia.