En menos de 100 días los latinos podemos hacer historia en las elecciones

La cuenta regresiva ya comenzó. Faltan menos de cien días para las elecciones del 3 de noviembre y Estados Unidos entra en esa etapa en la que la política deja de ser ruido de fondo y comienza a sentirse en el bolsillo, en la mesa familiar y en las conversaciones del trabajo.

No será una elección presidencial, pero sí un referéndum sobre el rumbo del país.

Estarán en juego el control del Congreso, gobiernos estatales y miles de cargos locales. También estará en juego la capacidad del presidente Donald Trump para conservar respaldo político durante la segunda mitad de su mandato.

El problema para la Casa Blanca es evidente: Trump llega a esta recta final con números muy débiles.

Una encuesta de The Economist/YouGov realizada entre el 17 y el 20 de julio colocó su aprobación en 40%, frente a 58% de desaprobación.

La insatisfacción se extiende a su manejo de la inmigración, la guerra con Irán, el uso del poder presidencial y la percepción general de que el país marcha por el camino equivocado.

Pero el desgaste más profundo proviene de la economía, porque ahí la opinión pública no vota con discursos: vota con el recibo del supermercado, la renta, la hipoteca y el tanque de gasolina.

La inflación anual fue de 3.5% en junio. Los alimentos subieron 3% y la gasolina, 26.7% respecto al año anterior.

Esos porcentajes se traducen en menos dinero disponible y más ansiedad para millones de familias.

Y cuando la mayoría siente que su situación económica empeora, el partido en el poder paga la factura.

Y aquí entra el voto latino.

Con alrededor de 36.2 millones el número de latinos con derecho al voto en 2024, de acuerdo con cifra del Centro Pew, los latinos representamos alrededor de 15% del electorado nacional y podemos ser decisivos en contiendas cerradas.

Pero el poder demográfico no sirve de mucho si no se convierte en participación.

No basta con que los partidos hablen de nosotros durante la campaña, compren anuncios en español y prometan escuchar nuestras prioridades.

La influencia se ejerce registrándose, verificando que los datos electorales estén correctos, conociendo las fechas límite y votando.

El 3 de noviembre no se decidirá únicamente quién controla Washington. También se decidirá quién hablará por nuestras comunidades sobre salarios, salud, educación, inmigración, vivienda y seguridad.

Aún hay tiempo suficiente para informarse y organizarse, pero demasiado poco para seguir creyendo que la política es asunto de otros. La democracia no premia a quien solamente se queja: escucha a quien participa.

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