Por primera vez, las hipotecas podrían votar en EU

Hay cifras económicas que parecen abstractas hasta que llegan al bolsillo. Una tasa hipotecaria de más de 7%, es una de ellas.

La tasa promedio para una hipoteca fija a 30 años subió a 7.28% el 1 de octubre en los Estados Unidos, frente a 6.30% un año antes, según Freddie Mac.

El incremento puede parecer pequeño sobre el papel, pero aplicado durante tres décadas transforma por completo las posibilidades de comprar una vivienda, en especial a las familias de bajos ingresos y compradores por primera vez.

Hagamos un breve ejercicio aritmético para entender lo que implica para millones de potenciales compradores.

Tomemos como referencia el precio medio nacional de una casa unifamiliar usada, que durante el segundo trimestre rondaba los $434,900.

Con un enganche de 10%, una hipoteca a 7.28% significa alrededor de $2,680 mensuales solamente en capital e intereses, antes de impuestos, seguro y otros gastos. Con una tasa de 6.30%, el pago sería unos $250 menor cada mes.

A unas semanas de las elecciones del 3 de noviembre, este es el rostro de la llamada crisis de asequibilidad: viviendas caras, tasas altas, seguros más costosos, impuestos inmobiliarios crecientes y salarios que para muchas familias no avanzan al mismo ritmo.

Para los compradores hispanos de primera vivienda, el golpe puede ser todavía mayor.
Los latinos somos una de las principales fuerzas detrás del crecimiento del mercado residencial estadounidense: en 2025 añadimos 441,000 nuevos hogares como propietarios y alcanzamos un récord de 10.2 millones.

Pero seguimos enfrentándonos a una escasez particularmente severa de viviendas asequibles, precisamente las que busca quien compra por primera vez.

Además, la población latina es joven: nuestra edad mediana ronda los 31 años y casi siete de cada diez hispanos pertenecen a la generación millennial o son más jóvenes.

Es decir, millones se encuentran justamente en la etapa de formar una familia, o independizarse.

Y ahí es donde la vivienda deja de ser solamente un problema económico y se convierte en un problema político.

Una encuesta de UnidosUS encontró que 34% de los votantes hispanos identifica el costo de comprar o alquilar vivienda entre sus principales preocupaciones relacionadas con el costo de vida.

Y no hay que olvidar que casi 4 de cada 10 latinos pertenece a un “centro movible”, es decir independientes, indecisos o votantes dispuestos a cambiar de partido.

A menos de un mes de las elecciones, el malestar económico pesa.

Aunque el presidente no fija directamente las tasas hipotecarias y de hecho desea que las tasas de interés bajen, los votantes rara vez separan cuidadosamente la política monetaria, los bonos del Tesoro, la inflación y la Casa Blanca.

Y es que los votantes saben algo mucho más sencillo: ayer podían imaginarse comprando una casa; hoy, quizá ya no. Y una hipoteca no aparece en la boleta electoral. Pero su mensualidad puede terminar decidiendo el voto.

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