¿Lo estoy haciendo bien? Edición para padres de adolescentes

Familia, adolescente, crianza

Respuestas de expertos reconocidos, respaldadas por investigaciones, a preguntas cotidianas sobre la crianza de adolescentes.

Criar a un adolescente a veces puede hacerte sentir nostalgia por sus primeros años, cuando todavía podías cargar a tu pequeña si estaba frustrada y distraerla con burbujas. Durante la adolescencia, un abrazo cariñoso puede provocar que ponga los ojos en blanco; una pregunta bienintencionada como «¿Cómo te fue hoy?» puede interpretarse como una intromisión.

Esto simplemente significa que tus hijos adolescentes están adquiriendo independencia. Décadas de investigación indican que describir la adolescencia como una etapa de «tormenta y estrés» no solo es desacertado, sino también perjudicial. De hecho, la ciencia del desarrollo muestra que sería más apropiado considerar esta etapa como «los años de los grandes avances». Según una investigación con más de mil adolescentes realizada por Ellen Galinsky, escritora y presidenta del Families and Work Institute, hay mensajes fundamentales que los adolescentes quieren transmitir a los adultos:

  • Quieren que los adultos procuren comprender su desarrollo, los escuchen y conversen con ellos, en lugar de limitarse a darles discursos.
  • Quieren que dejen de encasillarlos en estereotipos y reconozcan que ellos también están tratando de comprenderse a sí mismos y entender sus necesidades.
  • Por último, quieren que los adultos sepan que les interesa aprender habilidades como establecer metas, comprender otras perspectivas, colaborar, resolver problemas y encontrar sentido a sus experiencias.

Nada de esto es fácil, por supuesto. En el camino surgen situaciones difíciles y cuesta saber qué hacer. Estas son algunas preguntas frecuentes, con respuestas respaldadas por científicos y sus investigaciones.

Pregunta: Mi hijo de 16 años no parece tener motivación para hacer nada más que pasar tiempo con sus amigos y jugar videojuegos. Cuando menciono la posibilidad de ir a la universidad, dice que no le importa. ¿Qué debo hacer?

Respuesta: Como padres, queremos preparar a nuestros hijos de preparatoria para que les vaya bien. Pero, a esa edad, los jóvenes todavía están tratando de descubrir quiénes son, qué les interesa y cómo será su futuro. «El desarrollo de la identidad y la construcción de un propósito están en marcha, pero rara vez se consolidan por completo durante la preparatoria», señala Kendall Cotton Bronk, profesora de psicología en Claremont Graduate University.

Es normal que todavía no tengan respuestas. «Los padres deben recordar que el punto en el que se encuentra su hijo en este momento no necesariamente indica dónde estará en el futuro», dice Bronk.

Para acompañarlos, anímalos a probar distintas actividades en la escuela y la comunidad, como robótica, el equipo de debate, el coro, la improvisación teatral o el periódico escolar. Deja que ellos elijan qué probar. No lo hagas por ellos ni juzgues sus decisiones.

«Aunque no es apropiado que los padres dirijan demasiado sus decisiones, pueden ayudar a su adolescente a reflexionar sobre lo que le gustó y lo que no, y sobre lo que le pareció significativo o poco significativo de sus distintas experiencias», explica Bronk. «Tener a alguien con quien conversar sobre lo vivido puede ayudarles a profundizar en sus reflexiones e identificar más rápidamente un rumbo con propósito».

Las investigaciones sugieren que, cuando los adolescentes se guían por sus propios intereses, sin presiones externas, es más probable que tomen las riendas de su desarrollo profesional. Sin embargo, cuando los padres intervienen demasiado en su vida, señala Bronk, los jóvenes no tienen oportunidad de desarrollar la confianza en su capacidad de decidir y actuar, lo que puede dificultar mucho la planificación de su futuro profesional.

En lugar de intentar dirigir su camino, dice Bronk, los padres deberían simplemente «mostrar curiosidad». Pregúntale a tu hijo: ¿Qué te interesa? ¿Qué te resulta satisfactorio?

«Este tipo de preguntas puede apoyar y profundizar las reflexiones del joven, y reflexionar es un componente esencial para descubrir qué camino quiere seguir», comenta. «Por lo general, lo que mantiene su interés es algo que se le da bien y le importa, y que le permite contribuir de manera significativa al mundo que lo rodea».

«El punto en el que se encuentra tu hijo en este momento no necesariamente indica dónde estará en el futuro».

—Kendall Cotton Bronk, doctora en Psicología

Aprovechar oportunidades de voluntariado puede ayudar a los jóvenes a sentirse útiles y descubrir profesiones que podrían interesarles; por ejemplo, colaborar en un banco de alimentos, un refugio de animales, una organización deportiva infantil o un hospital. Anima a tu adolescente a preguntarles a personas conocidas en qué trabajan, qué implica su empleo y qué estudiaron para llegar ahí.

Por último, no supongas que la falta de rumbo de tu hijo es apatía. Sea cual sea su interés, «trabaja a partir de él, no en su contra», dice Bronk. «Al mismo tiempo, ten paciencia. Puede que simplemente todavía no haya descubierto lo que quiere. Su ritmo quizá no sea el mismo que el tuyo, pero llegará a ese punto. Recuerda: esto no es una carrera».

Pregunta: Mi hijo de 15 años parece llevar una vida aparte. Pasa la mayor parte del tiempo en su habitación y cena con sus amigos más seguido que con nosotros. ¿Cómo podemos animarlo a participar en la vida familiar?

Respuesta: Buscar independencia, mientras todavía dependen de los adultos, es una de las principales tareas de los adolescentes en su transición hacia una mayor autonomía durante los primeros años de la vida adulta.

«Intento que los padres entiendan que no es algo personal», dice Laurence Steinberg, autor de You and Your Adolescent [Tú y tu adolescente]. «Los padres no hicieron nada malo; su hijo no los está rechazando. Es una señal de que está creciendo de manera normal. En parte quiere tomar sus propias decisiones y tener su propia vida, pero también busca independencia emocional: demostrar que es algo más que el hijo de sus padres».

Lo más probable es que una puerta cerrada no sea señal de problemas. Así como la mayoría de los adultos no quiere que otras personas escuchen sus llamadas, los adolescentes tampoco. No están tomando distancia de ti, sino de su etapa infantil.

«No hay nada que los padres puedan hacer para impedir que esto suceda», afirma Steinberg, profesor emérito de psicología y neurociencia en Temple University. «Y tampoco deberían intentarlo».

Dicho esto, pasar tiempo en familia también es importante. Para proponérselo, puedes decir algo como: «Queremos pasar más tiempo contigo, pero también sabemos que estar con tus amigos es importante. ¿Cuál sería la mejor manera de encontrar un momento para convivir?». Si lo involucran en la planificación, es más probable que participe con interés. Las investigaciones sugieren que incluso podría disfrutar más de la actividad.

Solo en contadas ocasiones una puerta cerrada es motivo de preocupación; por ejemplo, si notas otros cambios de comportamiento, como una caída en sus calificaciones o menos interés en las actividades presenciales que solía disfrutar. Si sospechas que hay algún problema, hazle saber que estás ahí para apoyarlo y que también puede recibir ayuda profesional.

Una última observación: si tu hijo pasa la mayor parte del tiempo en su habitación conectado a internet, establecer límites por sí solo quizá no sea suficiente, dice Jacqueline Nesi, autora del boletín Techno Sapiens y profesora asociada de psiquiatría y comportamiento humano en Brown University. También conviene conversar sobre lo que tú deseas para él y lo que él quiere.

La evidencia también respalda ver contenidos o utilizar la tecnología junto con tus hijos, ya sea un videojuego, la televisión o un chatbot de inteligencia artificial, explica Nesi. Usar la tecnología juntos puede abrir conversaciones y ayudar a los padres a comprender mejor la vida digital de sus hijos.

Aun así, sigue siendo importante proteger su sueño y asegurarse de que tengan una vida presencial. Para conseguir su colaboración, acuerden límites para el tiempo frente a las pantallas y sustituyan parte de ese tiempo por actividades presenciales que puedan disfrutar, como cocinar juntos su comida favorita o salir con familiares y amigos.

Pregunta: Mi hija de 17 años acaba de pasar por una ruptura amorosa. ¿Cómo puedo ayudarla a sentirse mejor sin entrometerme?

Respuesta: Aunque una relación no se parezca a una relación romántica monógama entre adultos —puede ser breve o puede que la pareja no converse mucho—, su final puede ser doloroso. Por eso, toma siempre en serio las experiencias románticas de tu adolescente y las emociones que siente después de una ruptura, dice Emily Bibby, investigadora del Centro de Desarrollo de las Relaciones de Stony Brook University. Muéstrate comprensivo, reconoce sus sentimientos y evita juzgarla. Hazle saber que su reacción es normal ante una situación difícil.

Dale espacio para vivir su duelo y desahogarse. «Escucha con mucha atención lo que tu hija piensa y siente», aconseja Barry Farber, profesor de psicología y educación en Teachers College de Columbia University. «Pregúntale qué aprendió de la relación. Presentarla como una experiencia de aprendizaje, en lugar de un fracaso, puede fomentar la resiliencia y el crecimiento personal, y ayudarla a sentir que tiene más control y más esperanza respecto a sus relaciones futuras».

Como señalan Farber y sus coautores en un estudio reciente, aunque el tiempo no necesariamente «cura todas las heridas» —porque los recuerdos y los pensamientos pueden persistir—, casi siempre «suaviza el golpe» cuando también se utilizan otras estrategias, como hablar con un amigo o familiar de confianza. Aunque en el estudio participaron principalmente mujeres adultas blancas, el mismo principio suele aplicarse a distintas edades, géneros y grupos étnicos. Hacerle saber a tu hija que las cosas mejorarán puede ayudar.

Convencer a un adolescente de hacer cualquier cosa es difícil, señala Farber, por lo que es mejor escuchar y después animar, en lugar de insistir o imponer. Anímala a realizar actividades que disfrute, ya sea regalarse una tarde de manicura, ir a un concierto o pasar tiempo en la naturaleza haciendo senderismo o caminando por la playa. Anímala a evitar todo contacto con su expareja, tanto en persona como en redes sociales. Si una de las personas considera que la relación terminó definitivamente, cortar el contacto suele ser lo mejor, dice Farber. La descarga de adrenalina que puede surgir al ver a una expareja, de cualquier manera, es temporal y solo dificulta superar la ruptura.

Si la tristeza está afectando su vida cotidiana —no ve a sus amigos, está reprobando materias o hay cambios drásticos en su alimentación o sueño—, proponle considerar la ayuda de un profesional de salud mental. «La terapia ayuda a reconocer que esta experiencia es normal», dice Farber. «Ayuda a las personas a encontrar una nueva manera de interpretar lo vivido cuando se sienten estancadas».

La terapia también ofrece un espacio privado para compartir sentimientos y aprender habilidades de regulación emocional respaldadas por la evidencia, con el fin de mejorar la salud mental y el desenvolvimiento cotidiano, explica Bibby.

Si tu adolescente tiene una depresión que le impide desenvolverse en su vida cotidiana o se está haciendo daño, recomiéndale recibir ayuda profesional cuanto antes, ya sea del psicólogo escolar, de su médico de atención primaria —para que la derive a un especialista— o de un terapeuta de confianza.

Para ayudar a sus hijos adolescentes a desenvolverse en las relaciones en general, los padres pueden dar ejemplo de relaciones saludables, tanto con su pareja como con amistades y familiares. Enseñarles desde temprano habilidades de comunicación eficaz y a establecer límites, dentro de sus amistades y relaciones familiares, puede ser útil cuando empiecen a tener pareja, dice Bibby, quien recientemente fue coautora de una revisión de investigaciones sobre las relaciones románticas y la salud mental en adolescentes.

Para los padres de adolescentes que apenas empiezan a interesarse por tener pareja, resulta útil hablar sobre cómo son las relaciones saludables, destacando la importancia del respeto mutuo. «Pensar qué harían en distintas situaciones de pareja y cómo afrontarían los desafíos que pudieran surgir puede darles más confianza cuando comiencen a salir con alguien», señala Bibby.

Pregunta: Mi hija de 14 años se ha integrado a un grupo de amigos que gasta mucho dinero en ropa y aparatos electrónicos costosos. No aprobamos la conducta de estos adolescentes ni compartimos sus valores consumistas. ¿Cómo evitamos que nuestra hija también se vuelva materialista?

Respuesta: Puedes ayudar a tu adolescente a tomar decisiones reflexivas y seguras sobre el dinero, las amistades y las presiones que enfrenta. Intenta empezar por la conexión, en lugar del control: habla abiertamente sobre los valores de tu familia, ayúdala a practicar cómo establecer límites y recuérdale que no necesita gastar lo mismo que sus amigos para pertenecer al grupo o sentirse valiosa. Los gustos costosos y las presiones de las redes sociales pueden ser difíciles de ignorar, pero tu adolescente puede aprender a tomar decisiones que reflejen lo que más le importa.

Las personas recurren a las cosas materiales para llenar un vacío, pero eso solo es una solución temporal, dice Lan Nguyen Chaplin, profesora de comunicaciones integradas de marketing en Northwestern University y experta en comportamiento del consumidor durante la infancia y la adolescencia. «Terminan en un círculo vicioso de querer y necesitar cada vez más para llenar el mismo vacío, porque las cosas materiales no pueden llenar vacíos reales».

En su investigación sobre el materialismo en un grupo de jóvenes de entre 12 y 18 años, encontró que quienes tenían una autoestima alta eran menos propensos a mostrar tendencias materialistas. «Los padres y los compañeros son una fuente de apoyo emocional y bienestar psicológico», escribe. «Cuando brindan apoyo, fortalecen la autoestima de los adolescentes, lo que reduce su necesidad de recurrir a los bienes materiales para desarrollar una percepción positiva de sí mismos».

Con ese objetivo, empieza por casa y ayuda a tus hijos a sentirse bien consigo mismos. Los diarios de gratitud pueden ser una buena forma de reducir el materialismo, pero pedirle a un adolescente que nunca ha llevado uno que empiece a hacerlo puede sentirse como otra tarea escolar si se convierte en una obligación más. Es mejor abordarlo sin presionar. Da ejemplo compartiendo con tu adolescente por quiénes y por qué cosas sientes gratitud, lleva tu propio diario de gratitud o pregúntale cuál fue el mejor momento de su día.

También ayuda dejar de vincular los logros con las cosas materiales. Por ejemplo, en lugar de premiar unas buenas calificaciones con dinero o tenis, celebren el esfuerzo que hizo para conseguirlas con una experiencia divertida juntos, como una noche de películas en casa.

Sobre todo, pasa tiempo con tu adolescente de manera relajada y divertida, aunque sea por momentos breves. Incluso un trayecto de diez minutos en automóvil puede ser una buena oportunidad para conectar y recordarle las cosas positivas que tiene en su vida, señala Chaplin.

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