Inflamación, estrés y sedentarismo: ¿por qué pueden favorecer el aumento de peso?

LEYENDA: El estrés crónico y la falta de actividad física pueden favorecer procesos inflamatorios que afectan el metabolismo y contribuyen al aumento de peso.

El aumento de peso no depende únicamente de las calorías consumidas. Factores como el estrés crónico, la falta de actividad física y la inflamación de bajo grado pueden alterar el metabolismo, el apetito y la forma en que el cuerpo almacena grasa. Diversas investigaciones de organismos oficiales de Estados Unidos han documentado esta relación.

¿Qué es la inflamación crónica?

La inflamación es una respuesta natural del sistema inmunológico ante infecciones o lesiones. Sin embargo, cuando se mantiene durante largos periodos, incluso sin una enfermedad aparente, puede convertirse en una inflamación crónica de bajo grado que afecta múltiples órganos y sistemas.

Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) señalan que la obesidad y el exceso de tejido adiposo favorecen procesos inflamatorios en todo el organismo, los cuales están relacionados con enfermedades metabólicas y cardiovasculares.

El estrés puede favorecer el aumento de peso

El estrés prolongado activa la producción de hormonas como el cortisol. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), niveles elevados y persistentes de estas hormonas pueden aumentar el apetito y promover procesos inflamatorios en el cuerpo.

Además, el estrés suele asociarse con otros hábitos que favorecen el incremento de peso, como:

  • Comer en exceso o consumir alimentos ultraprocesados.
  • Dormir menos horas.
  • Reducir la actividad física.
  • Aumentar el consumo de bebidas azucaradas o alimentos altos en calorías.

El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales (NIDDK) también identifica el estrés de larga duración como uno de los factores que pueden contribuir al aumento de peso y la obesidad.

El sedentarismo altera el equilibrio energético

Pasar muchas horas sentado o con poca actividad física disminuye el gasto energético diario. Cuando la cantidad de energía consumida supera la que el cuerpo utiliza, el exceso suele almacenarse en forma de grasa corporal.

El CDC considera la falta de actividad física uno de los principales factores de riesgo para desarrollar obesidad. También advierte que el exceso de tiempo frente a pantallas y otros comportamientos sedentarios favorecen el aumento de peso.

La relación entre inflamación y grasa corporal

La relación es bidireccional:

  1. El exceso de grasa corporal puede aumentar la inflamación.
  2. La inflamación puede dificultar la regulación del apetito y del metabolismo.
  3. Ambas condiciones pueden reforzarse mutuamente con el tiempo.

Investigaciones respaldadas por el NIH muestran que la obesidad activa mecanismos inflamatorios específicos en las células inmunitarias, lo que contribuye a las complicaciones metabólicas asociadas al exceso de peso.

Señales que merecen atención médica

El aumento de peso no siempre se explica únicamente por la alimentación. El NIDDK señala que algunas condiciones médicas también pueden influir, entre ellas:

  • Hipotiroidismo.
  • Síndrome de ovario poliquístico.
  • Síndrome de Cushing.
  • Algunos trastornos depresivos.
  • Estrés crónico prolongado.

Si el aumento de peso es repentino, persistente o se acompaña de otros síntomas, es recomendable consultar con un profesional de la salud para descartar causas médicas.

¿Qué ayuda a reducir el riesgo?

Las principales recomendaciones respaldadas por organismos de salud incluyen:

  • Realizar actividad física regularmente.
  • Reducir el tiempo sedentario.
  • Priorizar una alimentación rica en frutas, verduras y fibra.
  • Dormir lo suficiente.
  • Implementar estrategias para el manejo del estrés.

Aunque la inflamación, el estrés y el sedentarismo pueden influir en el aumento de peso, los expertos coinciden en que la combinación de hábitos saludables sigue siendo la herramienta más efectiva para prevenir y controlar la obesidad a largo plazo.

Fuentes oficiales consultadas: NIH (National Institutes of Health), NIDDK (National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases) y CDC (Centers for Disease Control and Prevention).

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