¿Se está perdiendo el español en Estados Unidos?

Hay una pregunta que incomoda, pero que vale la pena hacernos con honestidad: ¿estamos los hispanos abandonando el español en Estados Unidos? La respuesta no es sencilla. No se trata de culpar a nadie, ni de medir quién es “más hispano” por el idioma que habla.

La vida en Estados Unidos empuja, naturalmente, hacia el inglés.

Es el idioma de la escuela, del trabajo, de los trámites, de la política, de la vida pública. Para muchos hijos y nietos de inmigrantes, el inglés no es una opción: es el idioma en el que crecen.

Pero algo está ocurriendo.

De acuerdo con el Pew Research Center, aunque el 75% de los hispanos dice poder hablar y entender español, esa proporción cae al 55% entre los latinos nacidos en Estados Unidos.

Y entre los hispanos de tercera generación, baja aún más: apenas 34% dice poder comunicarse en español.

No es un dato menor. Es una señal de un cambio profundo.

La pérdida gradual del español tiene implicaciones culturales, sociales, políticas y también mediáticas.

Afecta la forma en que las familias se comunican entre generaciones. Afecta la manera en que los jóvenes se conectan con sus raíces.

Por supuesto, hablar inglés es indispensable para progresar en Estados Unidos. Sería absurdo negarlo.

El inglés abre puertas en la educación, el empleo, los servicios públicos, la participación cívica y la vida diaria. Para cualquier latino que vive en este país, dominar el inglés no es una traición: es una herramienta de supervivencia y de avance.

El problema no es aprender inglés. El problema es perder el español en el camino.

Aquí 3 sugerencias para alentar el uso diario del español:
1. Hablen el idioma en casa todos los días, aunque sea en momentos simples: durante la comida, al despedirse, al contar cómo fue el día. La constancia vale más que la perfección.

2. Usen cuentos, canciones, películas y juegos del país natal para que el idioma se sienta vivo, divertido y conectado con la cultura, no como una tarea escolar extra.

3. Mantengan vínculos con familiares y comunidad, por ejemplo, con llamadas a abuelos, grupos culturales o amistades que hablen el idioma. Nada enseña mejor que usarlo con personas queridas.

La clave está en defender el bilingüismo, no como una carga, sino como una ventaja. No se trata de escoger entre inglés o español. Se trata de entender que nuestros hijos pueden tener acceso a ambos mundos.

Hablar inglés les permite avanzar en Estados Unidos. Hablar español les permite no olvidar de dónde vienen. El bilingüismo enriquece nuestras vidas, fortalece nuestras comunidades y aporta al desarrollo económico, cultural y político de un país diverso.

Por eso, la pregunta no debería ser, quizás, si los hispanos estamos abandonando el español. La pregunta debería ser: ¿qué estamos dispuestos a hacer para no perderlo?

Porque el español es un tesoro. Y ninguna comunidad debería darse el lujo de perder su propia voz.

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