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A los 83 años Julia Quintero lucha por los derechos de las trabajadores domésticas

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Julia Quintero es un gran ejemplo de vida y lucha, demostrando que a cualquier edad y en cualquier momento de la vida se pueden lograr grandes cambios personales pero también para la comunidad.

Los caminos de la vida

La vida de Julia, mexicana nacida en Papantla, Veracruz, es todo un gran ejemplo hasta el día de hoy. Con tan sólo 8 años de edad era una niña huérfana de madre. Criada en una familia con mucha falta de cariño y violencia,  a los 13 años fue abusada por un tío y un primo, lo cual recuerda con mucho dolor como un momento de su vida donde deseó quitarse la vida debido al tremendo dolor causado por tal abuso.

Lamentablemente la vida de Julia no fue nada sencilla, y de más grande sufrió violencia doméstica por parte de su esposo de quien años más tarde pudo escapar y perder contacto, haciéndose cargo de sus 2 hijos y ganándose la vida como mesera y trabajadora doméstica.

Al cumplir 40 años, con sus hijos criados y cada cual con sus vidas ya armadas, decidió emprender viaje a Tijuana. La decisión no fue para nada sencilla, pues muchos amigos, familiares e incluso su hija no entendían su nuevo rumbo. Pero nada la detuvo, ni el miedo a lo desconocido. Hay algo que Julia aprendió muy bien con el pasar de los años… darse por vencida no es una opción.

Con rumbo hacia el norte 

Su inserción en Tijuana no fue complicada, pues precavida, Julia llevó consigo una gran cantidad de cartas de recomendación de sus trabajos anteriores en Veracruz. No tardó en conseguir su primer empleo en una casa de familia que incluía la vivienda. Pero al pasar el año una amiga le habló de Los Ángeles… y el corazón de Quintero comenzó a latir más fuerte…

Con pasaporte mexicano y una visa de trabajo de un año, Julia emprendió viaje hacia los Estados Unidos. Por aquellos tiempos se vivían políticas migratorias más flexibles por lo que no resultó un impedimento instalarse en el país.

Primer trabajo en Estados Unidos

Malibú fue el primer destino que la recibió a Julia con un trabajo en una casa de familia: trabajadora doméstica, con techo y un pago de 150 dólares a la semana. Este trabajo fue el primero y último, pues a los 65 años se jubiló trabajando para la misma familia.

Pero al año de residir en Malibú algo inquietaba a esta luchadora mujer. Su visa estaba próxima a expirar y su residencia allí pasaría a ser “ilegal”. Por ello sin perder el tiempo se puso una meta clara: conseguir marido residente de Estados Unidos o en el mejor de los casos, ciudadano.

El amor llega a la vida de Julia

Comenzó como una búsqueda y terminó en una relación de amor y respeto. Julia y Bernardino, viudo originario de Guadalajara, México, se conocieron en la placita Olvera, y si bien desde el comienzo Quintera fue clara: necesitaba los papeles, Bernardino no dudó en ayudar a esta mujer pues se sintió realmente aturdido por su belleza y espontaneidad.  Al mes la joven pareja contrajo matrimonio y la petición para la residencia no tardó en llegar: Julia ya podía gozar de su legalidad en el país.

A pesar de que la relación comenzó con un fin claro: papeles legales, Julia terminó amando al hombre que le brindó su ayuda y su amor, casi con los ojos cerrados. Tiempo más tarde Bernardino compró un trailer donde la pareja vivió hasta los últimos días con los hijos de él que apreciaban muchísimo a Julia.

Aires de cambio, la edad no es un impedimento

Bernardino falleció y Julia decidió mudarse a Compton, en una casita de la sección 8, que se le otorga a las familias de bajos ingresos con rentas muy baratas. Actualmente se mantiene de la mensualidad que le da el Seguro Social por su jubilación.

De corazón grande y mente inquieta, Julia decidió unirse a la Coalición por los Derechos de los Inmigrantes de Los Ángeles (CHIRLA), y sabiendo por piel propia por el sufrimiento que pasan todas las trabajadoras domésticas luchó para que se aprobara una Ley en California que permitiera que las trabajadoras de casa recibieran ciertas prestaciones, como el pago de horas extras.

Actualmente ciudadana de los Estados Unidos, Julia no se detiene y da lucha a todas las adversidades que la vida le pone en el camino. Activista a los 83 años, asegura que ser parte de esta organización y ayudar a quienes lo necesitan le dan la fuerza necesaria para mantenerse activa todos los días y no conformarse, pues la edad es simplemente un número.

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