Aeropuertos inseguros, comunidades abandonadas
Hay imágenes que lo dicen todo. Agentes de inmigración desplegados en aeropuertos, algunos perdiendo el tiempo sin hacer nada y otros interrogando y sembrando miedo. Y al mismo tiempo, en Hawái, familias regresan a casas cubiertas de lodo, con carreteras destruidas y comunidades enteras tratando de sobrevivir después de las peores inundaciones en más de 20 años.
La magnitud de la tragedia en Hawái es imposible de ignorar. Las lluvias torrenciales arrastraron casas, carros y negocios, dejando daños que podrían superar los mil millones de dólares. Más de 200 personas tuvieron que ser rescatadas y miles fueron evacuadas mientras el nivel del agua subía rápidamente. Es una crisis real, ahora mismo.
El gobernador Josh Green pidió que el norte de la isla fuera declarado una zona de desastre mayor, pero ahora un gobierno parcialmente cerrado, con una Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) sin un presupuesto aprobado, debe determinar la gravedad del daño y elaborar una respuesta adecuada.
El debate en el Congreso se ha estancado por más de 40 días, precisamente por la razón con la que inicié esta columna: la política de inmigración de este gobierno tiene prioridad por sobre cualquier otra cosa. Agencias como FEMA dependen del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), al igual que el Servicio de Control de Inmigración (ICE).
Ahora, mientras comunidades esperan apoyo para reconstruir, el enfoque de DHS es continuar con una política migratoria opresiva y fuera de control, y eso ha paralizado a todo el resto de las agencias que dependen del Departamento de Seguridad Nacional.
ICE en los aeropuertos no responde ante inundaciones, no reconstruye hogares ni salva vidas en medio de un desastre natural. Es una señal clara de una agencia con recursos en exceso y con un liderazgo miope que no entiende la necesidad de tener personal entrenado para protegernos a todos.
El DHS de Trump ha redirigido más de 600 millones de dólares de FEMA para construir centros de detención de inmigrantes y ha reasignado forzosamente a docenas de personal clave de FEMA para trabajar con ICE en deportaciones. A eso se suman fondos de ayuda retenidos mientras comunidades enteras esperan ayuda y planes para recortar aún más el personal de FEMA, debilitando aún más su capacidad de responder cuando más se necesita.
Ahora, con un nuevo secretario al frente del DHS, la preocupación no es solo la continuidad, sino la profundización. Cuando el liderazgo favorece recortes a FEMA en lugar de reforzar la agencia, el mensaje es claro: la preparación ante desastres no es la prioridad. Y eso tiene consecuencias directas para millones de personas.
Necesitamos líderes que se enfoquen en mantener la seguridad de nuestras comunidades, no en promover la discriminación y los ataques en su contra. Más de la mitad de los latinos en Estados Unidos afirman que cada año padecen los impactos del clima extremo, por lo que el trabajo de FEMA es hoy más importante que nunca para las comunidades latinas.
Proteger al país significa estar preparados para lo que realmente pone vidas en riesgo. Significa invertir en quienes rescatan, reconstruyen y responden cuando ocurre una tragedia, no en expandir operativos crueles que no atienden emergencias ni previenen desastres.
Hoy, más que nunca, necesitamos cuestionar estas prioridades. Porque mientras algunos pierden el tiempo en aeropuertos en tareas para las que no están entrenados, otros están sacando lodo de sus hogares sin suficiente ayuda. Y en esa diferencia, se define el tipo de país que estamos construyendo y el tipo de futuro que estamos dispuestos a aceptar.
| Antonieta Cádiz es la directora ejecutiva de Climate Power En Acción. Anteriormente, trabajó como corresponsal nacional para La Opinión y fue escritora política nacional para Univisión. |