La captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores por fuerzas estadounidenses y su traslado a Nueva York para enfrentar cargos de narcoterrorismo marca un punto de inflexión histórico con un eco inmediato en la diáspora venezolana en Estados Unidos.
En enclaves del exilio como Miami y Doral, la reacción fue casi instantánea. Las calles se llenaron de banderas tricolores, abrazos, lágrimas y consignas de libertad.
Para millones de venezolanos que huyeron de la represión política, el colapso económico y el desmantelamiento institucional, la noticia fue recibida con una mezcla de júbilo, alivio, pero también con ansiedad sobre el futuro debido a la evolución de los acontecimientos.
“Es un gran paso para la lucha por el restablecimiento de la democracia en Venezuela, esto, sin duda nos llena de esperanza y alegría a muchos venezolanos”, me dice la periodista venezolana radicada en Estados Unidos, Susana Pérez.
“Pero no es el final, aún falta mucho por hacer, en esta misma semana han detenido a personas por tan sólo mencionar lo que ha ocurrido, hay colectivos al servicio del régimen creando terror y bajo la mirada impune, ahora con Delcy Rodríguez a la cabeza”, comenta.
Ciertamente la caída de Maduro no ha significado la liberación de los presos políticos y parece haber más prisa de la administración Trump, sobre el destino de la industria del petróleo que en el restablecimiento de la democracia.
Esa incertidumbre tiene una dimensión concreta e inmediata: la situación migratoria de cientos de miles de venezolanos en Estados Unidos.
En los últimos meses, la administración estadounidense puso fin a mecanismos de protección como el Estatus de Protección Temporal (TPS) y el parole humanitario, dejando a muchos en un limbo legal.
Con Maduro fuera del poder, surgen preguntas inevitables sobre el futuro de las solicitudes de asilo, las opciones de regularización y la posibilidad de acuerdos de repatriación hacia un país que aún permanece frágil.
Aunque la secretaria de seguridad nacional Kristi Noem abrió la puerta de que los venezolanos en Estados Unidos soliciten el estatuto de refugiados, eso no es legalmente posible. Aun si quiso sugerir el estatuto de asilados, se trata de un proceso largo y complejo con bajas tasas de aprobación.
A sólo días de la caída de Maduro es más que evidente que no habrá una transición democrática inmediata: sectores del antiguo régimen y estructuras de poder, incluidas las fuerzas armadas, siguen presentes, y el rumbo político permanece en incógnita.
Para muchos, este momento es, al mismo tiempo, celebración y desafío. Es la esperanza de que el exilio podría un día convertirse en retorno, y la advertencia de que la verdadera reconstrucción, tanto personal como nacional, apenas comienza.