Escribe Cecilia Alegria, La Dra. Amor
¿Qué tan bondadoso eres?
¿Reconoces que necesitas mejorar este aspecto de tus relaciones humanas? ¿Qué te parece si te propones hacerlo en este nuevo año?
La bondad es un fruto del Espíritu. Es una actitud del corazón, una fuerza interior que elige el bien incluso cuando nadie está mirando.
“La bondad es el lenguaje que los sordos pueden oír y los ciegos pueden ver.” — Mark Twain
La bondad en la vida cotidiana
La bondad se expresa en gestos pequeños y cotidianos que tienen un gran impacto:
- Escuchar con atención a quien necesita desahogarse.
- Perdonar en lugar de guardar rencor.
- Ofrecer tiempo, ayuda o una sonrisa sin buscar beneficio.
- Ser amable incluso con quienes no lo son contigo.
- Cuidar el planeta, los animales y el entorno.
Una crisis silenciosa de bondad
Lamentablemente, vivimos una crisis de bondad. No porque haya desaparecido, sino porque está silenciada.
El ritmo acelerado de la vida, el egoísmo, la polarización y el uso superficial de las redes sociales fomentan la indiferencia y el juicio.
Sin embargo, la bondad sigue viva en miles de personas que ayudan, consuelan y construyen en silencio.
Devolverle valor a la bondad
Lo que necesitamos es darle visibilidad y valor social a la bondad:
- Enseñar a los niños a ser empáticos.
- Recordar que la verdadera grandeza humana está en la bondad, no en el poder ni en el éxito.
La bondad desde la fe
Desde la perspectiva espiritual, la bondad es una manifestación del amor divino en acción. No se trata solo de hacer cosas buenas, sino de tener un corazón dispuesto a servir y aliviar el sufrimiento ajeno, sin esperar recompensa.
En un mundo marcado por la prisa, el egoísmo y la indiferencia, la bondad es un acto de resistencia espiritual: un recordatorio de que Dios sigue obrando a través de nosotros.
Cada gesto bondadoso —una palabra amable, una ayuda silenciosa, una sonrisa al que sufre— es una semilla de luz que puede transformar corazones. Ser bondadoso es dejar que Cristo viva en nosotros, haciendo visible Su amor en lo cotidiano.
En última instancia, la bondad nos acerca a la esencia misma de Dios, porque “Dios es bueno” (Salmo 100:5), y quien practica la bondad participa de Su naturaleza amorosa y eterna.
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