Cuatro pasos para practicar una curiosidad profunda hacia las perspectivas, historias y humanidad de otras personas.
Vivimos en un momento en el que nuestras relaciones y nuestro tejido social parecen romperse: vecinos gritándose en protestas, padres peleando por prohibir libros en las escuelas, jóvenes diciéndoles “OK boomer” a personas mayores en el trabajo. En un pueblo, una congregación religiosa cae en conflicto cuando un miembro sale del clóset; en otro, incendian una iglesia y una mezquita. El odio parece haberse metido en el aire que respiramos, contaminado por la cultura de división y polarización, del “nosotros contra ellos”.
El resultado no es solo discordia y tristeza colectiva; también nos afecta de forma personal. No se puede respirar aire tóxico sin sentirlo en los pulmones… y en el corazón.
En 2019, yo quería dejar de sentir miedo y enojo todo el tiempo. Así que renuncié a mi trabajo y pasé un año en la carretera, viviendo en mi auto, bañándome en Planet Fitness y conociendo a personas que normalmente no cruzarían mi camino: fui a mítines de Trump, grupos anti-LGBTQ+ y congregaciones religiosas. Mi objetivo era entender cómo podríamos volver a unirnos como país. ¿Cómo podríamos sanar, reconectar y enfrentar los grandes desafíos que compartimos?
En ese viaje descubrí un camino para superar la desconexión y la división que vivimos: la curiosidad. Aprendí que la curiosidad es una práctica diaria, algo que debemos cultivar, y eso me inspiró a escribir mi libro Seek: How Curiosity Can Transform Your Life and Change the World. Cuando aprendemos a ir profundo con la curiosidad, abrimos la puerta al bienestar y a relaciones más sanas.
Una era sin curiosidad
Según mis entrevistas, observaciones e investigación, veo que un hilo común detrás de la desconexión, el sufrimiento y la polarización es la falta de curiosidad: cerrar la puerta a entender las perspectivas, historias y humanidad de otras personas.
Escuchar profundamente se ha vuelto raro. En su lugar, “cancelamos” en vez de “acercar” con responsabilidad, como dice Loretta Ross. Es más fácil avergonzar, juzgar o deshumanizar a quienes no piensan como nosotros. Esto nos encierra en burbujas donde no conectamos con quienes tienen creencias distintas. Y cuando no nos exponemos a otras formas de pensar o ser, reforzamos nuestros propios prejuicios. Así nacen los estereotipos y se pierde la complejidad de las identidades humanas.
Esta falta de curiosidad literalmente nos está matando. Estudios a largo plazo han encontrado que tener poca curiosidad reduce nuestra esperanza de vida y aumenta la soledad y el aislamiento.
Si queremos fortalecer relaciones en vez de romperlas, necesitamos hacer mejores preguntas en lugar de juzgar. Buscar historias en vez de posiciones. Valores en vez de simples opiniones. También debemos mirar hacia adentro: preguntarnos sobre nuestra historia, emociones y motivaciones.
En mi trabajo con el Greater Good Science Center —incluyendo la co-creación del Bridging Differences Playbook— he visto el poder de la curiosidad una y otra vez: entre educadores, terapeutas, periodistas, organizadores comunitarios, emprendedores, artistas, estudiantes y padres. He pasado cinco años investigando cómo la curiosidad puede ayudarnos a tender puentes sociales y políticos. Pero para obtener esos beneficios, debemos usarla de manera intencional y más profunda de lo que acostumbramos.
Cuatro pasos para practicar una curiosidad profunda
Tendemos a creer que la curiosidad sirve solo para obtener información. La vemos como algo intelectual, no como algo que puede tocar el corazón y el espíritu. Claro, ayuda a los niños a desarrollar el lenguaje o recordar qué canción sonó en la radio… pero puede ofrecernos mucho más.

Este ensayo está adaptado del libro Seek: How Curiosity Can Transform Your Life and Change the World (Balance, 2023, 256 páginas).
Necesitamos abrazar lo que llamo “curiosidad profunda”: la curiosidad que usamos para crear conexiones significativas y transformadoras. Esta curiosidad fortalece nuestras relaciones, ayuda a navegar desacuerdos, sanar matrimonios de décadas o recuperarnos de heridas pasadas.
La curiosidad profunda invita a hacer preguntas que revelen matices. No “¿Qué debo hacer para ganar dinero?”, sino “¿Cómo se ve mi vida cuando realmente estoy floreciendo?” No “¿Eres demócrata o republicano?”, sino “¿Qué valores son importantes para ti?”
No “¿De dónde vienen mis antepasados?”, sino “¿Cómo sigo conectado con ellos a lo largo de mi vida?”
Para practicarla, desarrollé el marco DIVE, que significa:
1. Detach (Desprenderse): soltar nuestras suposiciones, sesgos y certezas
Nos aferramos a los ABC: Assumptions (suposiciones), Biases (sesgos), Certainty (certeza). Son reacciones automáticas del cerebro que nos dan seguridad y, en esta cultura, “tener la razón” hasta da estatus.
Desprenderse es un proceso de desaprendizaje. Cuando soltamos los ABC, cambiamos cómo vemos e interactuamos con quienes nos rodean.
Consejos para desprenderte:
- Cuestiona tus suposiciones. Comprueba si son reales hablando con las personas sobre las que asumes algo.
- Valida tus “lecturas mentales.” Las metapercepciones suelen ser incorrectas; no sabemos lo que otra persona piensa.
- Prueba el “efecto ensalada.” Imagina los gustos personales de alguien para recordar que cada persona es única, más que una identidad grupal.
- Sé alguien que admite. Reconocer errores es humildad intelectual.
2. Intend (Intencionar): preparar tu mente y el entorno
La curiosidad profunda no es automática: se elige. Al ser intencionales, influimos en nuestras decisiones diarias.
Eso incluye preparar nuestro estado mental y el espacio adecuado: pensar en preguntas de antemano, visualizar apertura, elegir un lugar tranquilo donde ambas personas se sientan seguras y escuchadas.
Esto ayuda a reducir el miedo previo a conversaciones difíciles: una cita, un conflicto laboral o un diálogo político.
3. Value (Valorar): reconocer la dignidad de todas las personas, incluida la tuya
Valorar significa reconocer la dignidad inherente de cada persona. No importa quién sea, lo que crea o lo que haya hecho: todas las personas tienen humanidad, complejidad y valor.
Investigadoras como Lasana Harris y Susan Fiske han mostrado que deshumanizamos a algunos grupos, considerando menos sus emociones.
Cuando valoramos a alguien, elegimos conexión sobre distancia, comprensión sobre juicio. Incluso cuando duele: cuando un amigo no nos invita, cuando alguien nos hiere, cuando nos frustramos con nosotros mismos.
4. Embrace (Abrazar): dar la bienvenida a los momentos difíciles
Abrazar significa acercarnos a lo que tememos: cambios, pérdidas, transiciones. No se trata de negar emociones, sino de sentirlas y aprender de ellas.
La curiosidad transforma estos momentos. En la tristeza, por ejemplo, podemos honrar la memoria de alguien y también permitirnos sentir enojo o vacío, explorando dónde se manifiestan esos sentimientos en el cuerpo.
La curiosidad profunda es una práctica diaria
Debemos usarla todos los días para dominarla: en conversaciones pequeñas y grandes. Al hacerlo, fortalece nuestras relaciones con nosotros mismos y con los demás. Nos ayuda a sentir más conexión, bienestar y sentido de comunidad.
La curiosidad profunda es un regalo. Podemos ofrecerlo a familia, amigos, colegas, vecinos y hasta desconocidos.
No solo todos tenemos este superpoder…
también todos lo necesitamos.